viernes, noviembre 18, 2005

Déjame hacer de abogado del diablo...


Ayer me compré un libro que vi hace tiempo mendionado en The Fast Company: The Ten Faces of Innovation, de Tom Kelley Director General de IDEO, una compañía dedicada a ayudar a otra empresas a innovar.

Casi ni lo he empezado, pero creo que con las primeras líneas me ha bastando para amortizar los 40 euros que pagué por él (aunque sin duda lo terminaré durante el fin de semana): Tom expone de forma muy abierta y crítica el rol del "abogado del diablo" como una gran forma de matar la innovación. Tiene toda la razón, cada vez que alguien propone una idea y salta otro diciendo "¡genial!, pero déjame que haga de abogado del diablo....", y entonces comienza a sacar una lista de problmas potenciales que acaban haciendo que la idea muera en sus primeros minutos de vida. Pero ¿hay alguna idea perfecta? Yo creo que no. A todas las ideas les podemos sacar pegas, y cuanta más experiencia tengamos en hacerlo, más potentes parecerán esas armas de destrucción masivas, pero esa no es la actitud que debe tomarse ante una idea innovadora que puede ser una ventaja competitiva para nuestro negocio. ¿Qué hubiera pasado si al proponer Google Print hubieran dicho "no, eso tiene copyright, y ¿sabes cuanto trabajo daría digitalizar todos los libros del mundo?... además, cómo generaríamos los ingresos ¿con publicidad?... estáis locos!!!".

Las ideas son un punto de partida, y en su ejecución van cambiando de forma y encontrando caminos de desarrollo, como les ocurre a la mayoría de las compañías. Las mejores ideas son aquellas que parecen ciencia ficción la primera vez que te las plantean, y como dicen en el anuncio del primer Macintosh "...because only people who are crazy enough to think the can change the world, are the ones who do". Así que seamos un poco locos de vez en cuando...

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3 comentarios:

Telémaco dijo...

Gonzalo, tiene razón Tom Kelley, pero dejame que haga de abogado del diablo..
(es broma, es que lo pusistes a huevo)..

Ciertamente es la actitud más anti-innovación que hay. En cuanto alguién expone una idea a un grupo todos centran sus esfuerzos en derribarla y si no lo consiguen entonces cambian de táctica e intentan apropiarsela cambiando algún detallito sin importancia.

Alberto dijo...

Gonzalo, no puedes imaginar lo identificado que me siento con tu post, y por tanto con lo que cuentas del libro de Tom Kelley.
Creo que después de este "caramelo" me has picado para que lo compre.

Gonzalo G. Cotorruelo dijo...

Telémaco, pos zí... lo puese a huevo ;-)
Muchas veces pienso que el problema para acoger la innovación en las compañías es que se necesitan más bomberos que apagen fuegos que ingenieros que consigan inventar mecanismos para que no se provoquen tantos incendios. ¿Nos pararemos algún día a reflexionar o seguiremos así toda la vida?

Alberto, recuérdale al de la librería que me debe transferir la comisión a la cuenta de siempre ;-)